Intolerancia

Era una noche que hacia prever el verano.

La gente se dejaba llevar entre palabras en varios veladores de la ciudad, de esta ciudad de “tolerancia” y derechos, en esta misma ciudad donde se hacen manifestaciones a favor de los derechos humanos de todos los seres que poblamos este espacio común que es la tierra.

La gente entre refrescos, se dejaba llevar en una noche calurosa, hablando de los planes del verano, de los planes de la vida, de los planes de un futuro que es incierto precisamente por ser futuro.

De repente se acerco un niño.

Un niño de unos 13 años ofreciendo su mercancía multicolor, mercancía de pulseras, llaveros, gafas….

Se acerco con una sonrisa ficticia…, tan ficticia como la falsa felicidad que se nos venden en una sociedad de Derecho.

Tras dos minutos de un tiempo que a ningún sitio lleva, el muchacho se alejó de nosotros, quizás con la única molestia de haber interrumpido una conversación intrascendente y de terraza, con la única molestia de haber tenido que dejar el vaso encima de la mesa para prestar una mínima atención.

Apenas reanudada la conversación, se oyó un golpe seco contra el suelo que a todos hizo girar la cabeza. El muchacho se sacudía la cabeza, aturdido de no saber como había llegado al suelo, aun desconcertado sin comprender de donde le había llegado el golpe que le había derribado 2 metros mas allá de donde ahora se encontraban sus gafas, llaveros y pulseras.

El resto os lo podéis imaginar…, un niño en el suelo, llorando mas de rabia que  de dolor por no acertar a comprender el porque de ese golpe recibido sin mas excusa que  la de haber querido ofrecer un llavero a cambio de 100 ptas.

Rodeando al niño, había tres personas que acusaban a quien esto había provocado, a la par que intentaban sujetar el sentimiento de rabia e impotencia del muchacho, que buscaba una explicación que no podía existir.

El Hecho en si, quedo así…., Lo cierto, es que ya han pasado muchos varios meses, pero ahora recuerdo, que para muchos de los que allí estábamos, algo se había roto esa noche de principios de verano, algo quedo en el mismo suelo donde aun estaban las gafas de sol y los malditos punteros láser que venden en cada esquina.

Ese algo, fue la sensación de que no existe la tolerancia en este planeta de irracionales seres que se autodenominan humanos, que no existe la cordura y la  compresión para todos los que no son como nosotros…

    Quizá mas Tarde, y mientras vemos la Televisión, seremos capaces de sorprendernos por las imágenes que nos llegan de un país cercanamente lejano.     

Nos Sorprenderemos de la Intolerancia de los que matan con una pistola y humillan  arrodillando al  hombre delante de su familia… Nos sorprenderemos  la hipocresía de un mundo tan intolerante en su lejanía como en su proximidad, y preguntaremos el porque de esa intolerancia, mientras terminamos de mirar a aquel niño del inicio del verano, que incrédulo aun ante el golpe, se sacude de su cabeza la generosidad del mal llamado Primer Mundo, y peor aun rellanado Mundo Civilizado.

Pre-Verano 1999

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