EL VIEJO DEL PORTAL
Las calles que acababa de conocer eran distintas. En ellas se entrelazaban luz y falsedad, modernismo y decadencia, como un lienzo roto por el tiempo.
Al perderme en sus sombras, una extraña sonrisa se dibujaba en mi rostro, rompiendo la monotonía de mis gestos fríos. Dejaba que mi vida se desvaneciera en sensaciones fugaces, que mi mente se hundiera en una losa de piedra donde todo, inevitablemente, terminaba.
Ahora lo recuerdo con un escalofrío, un vacío en el alma que vagaba sin rumbo por aquellas calles, sin saber dónde estaba.
Eran horas en las que el miedo se fundía con el amor, donde la luna y el cielo de la ciudad se ocultaban tras un velo de romanticismo efímero, tras la sutil apariencia de una madrugada más… o quizá una menos.
Todo duró un segundo. Un destello fugaz, una visión que se desvaneció antes de que pudiera atraparla. Nunca encontraré palabras para nombrar los mil sentimientos, las mil sensaciones que cruzaron mi alma en ese instante.
No sé quién era él, ni lo sabré jamás. Imaginé su pasado: desdicha, mala ventura, tal vez un amor perdido o una fortaleza rota. La vida, lo sé tan bien como tú, cambia en un parpadeo. El hoy es una fantasía, un sueño; el mañana, un misterio que nunca descifraremos.
Podría haber nacido hace cincuenta años, y sus arrugas llevaban el peso del silencio, la sabiduría de la soledad. Tal vez su infancia fue dura, en un hogar donde cada día era una lucha. Quizás jugó con hermanos en la plaza de un pueblo pequeño, o se enamoró de la mujer que todos creemos encontrar alguna vez. Quizás el amor lo marcó y luego lo abandonó, encerrándolo en un círculo del que nunca pudo escapar.
No sé cómo llegó a aquel portal. La vida debió morder con fuerza su alma, su cuerpo ahora frágil, de viejo soñador con ojos cristalinos. No sé qué significa el tiempo para él; tal vez lo detuvo un día, y aún no ha vuelto a correr.
En él vi reflejada nuestra existencia: abatimiento, desaliento, soledad. En su mano, una vieja radio sonaba sin ser escuchada, una soledad sonora que rasgaba el último eco de una melodía olvidada, necesitada de amor.
Allí estaba, el viejo de las ondas, el sabio de las calles que un día fue “Chico Triste” de las madrugadas. Su mirada, como la noche, me hizo sentir el frío de unos ojos perdidos en un rincón cualquiera. Una vida que se refugia en melodías sin pulso, que se apaga entre recuerdos no elegidos.
Mientras yo caminaba, él compartía sueños en montañas de vino, donde olvidar que aún estaba vivo, donde ahogar una mente que no encontraba su lugar. En dos segundos, me apoderé de sus pensamientos… o quizás él robó los míos.
Su cuerpo yacía en un portal frío, mezclado con barro y cartón, la materia de la que se compone todo en esta vida. Un hombre que lo había perdido todo, pero que aún conservaba el pensamiento que lo hacía libre ante los demás, esos que pasaban sin mirarlo.
En su mano, la radio apagaba el último suspiro de un sueño por cambiar el presente.
Era el viejo del portal oscuro, la soledad sonora que nos acompaña en voces ficticias, que nos roba la vida si las creemos, que nos mata si no podemos poseerlas. Un barco hundido al final de sus días, un navío discreto escondido en las sombras de una noche sin fin.
Y en su radio, mi voz se angustiaba y se apagaba, mi vida… ese viejo que también soy yo, rodeado de cartones y frío, viendo pasar la vida en forma de hombres que miran sin comprender.
Pienso en el mundo interno que rodea su soledad, en el intramuros que lo arropa bajo la misma penumbra que a mí. Pienso en el silencio de una vida acompañada solo por la cálida voz de una música desconocida. Me arrepiento de no haberme reconocido en su imagen, de no haber entendido su silencio, su mirada al vacío de una ciudad dormida. Me arrepiento de no haber compuesto mil pensamientos en un instante, de haber pasado fingiendo que no lo vi, que no me descubrí en su lugar.
La vida sigue, y concluye hacia ningún lugar. Pero esta noche, sé que en algún portal una radio volverá a encenderse entre unas manos, las suyas y las mías. Rodeada de arrugas de sabiduría, sus sueños serán ebrios y libres, siempre vivos, para recordar a los paseantes que la soledad duerme en la puerta de su propia casa. Que el miedo y el destino están demasiado cerca. Que la victoria, el éxito, la felicidad, son cortinas de humo que se desvanecen con la más leve brisa, dejándonos en la soledad de un cartón y barro en cualquier portal de madrugada.
Y yo lo encontré en una de esas calles nuevas, donde la luz se mezcla con la falsedad, el modernismo con la decadencia. En unas horas donde el miedo se funde con el amor, y la luna y el cielo se esconden tras la sutil apariencia de una madrugada más… o quizá una menos.
_____________________________________________________________________________
El VIEJO DEL PORTAL
Capítulo 1
Lo cierto, es que la calle, esas nuevas calles que acababa de conocer, eran diferentes a las demás.
En ellas, había una mezcla de luz y falsedad…, modernismo y decadencia….
Eran esas unas horas, donde el miedo se funde con el amor…, y donde la luna y el cielo de la ciudad se esconden detrás de cualquier romanticismo…, detrás de la apariencia sutil de una madrugada mas…, quizás de una menos….
El Viejo…, esa noche echaba mucho de menos su vida anterior…
Quizás, viéndolo ahora de una manera fugaz, desposeído de casi todo, y envuelto en cartones del primer mundo, alguien pueda pensar que nunca había tenido una vida…, pero como casi todos, también esos, ahora se equivocaban.
Todo hombre tiene una vida que le hace único ante el resto de los hombres…, una vida propia que nada ni nadie les puede quitar…, aunque ahora solo sea eso lo que tengan… NADA.
El Viejo del Portal, estaba en la misma calle que yo lo había encontrado aquella lejana noche de hace ya dos años…
Nada ni nadie habían podido con él…, ni el frío de los inviernos ni el calor de los veranos…
La Vida para él era su mayor tesoro. El tesoro de su recuerdo y de su memoria, la cual se había convertido desde hacia ya tiempo en su televisión y en su radio.
Esta Noche, era una de esas en donde las calles se cierran sobre si mismas y pesan en la soledad del vagabundo como una losa en la cabeza.
Sin querer, se había puesto a recordar su vida anterior…, y se había vuelto el loco melancólico y soñador que en su día había sido anteriormente.
Recordaba, su juventud…, hacia ya tantos años que ni la memoria hubiera podido ubicar el tiempo en su lugar concreto.
“La Memoria (solía decir), existe por la necesidad de aprender de lo vivido, y para examinar el paso del tiempo respecto a lo que un día habíamos soñado hacer.”
La Memoria…. Cruel invención del hombre para poder recordarlo todo.
Recordaba en su juventud, los sueños que tenía…, la necesidad de soñar con la vida en una canción y una canción eran todas sus vidas…
Joven despreocupado por el futuro que tan cruentas sorpresas le deparaba.
Joven soñador de noches, ahora frías debajo de cartones.
El Viejo no recordaba cuando se había emocionado por ultima vez…., quizás fuera cuando se enamoró en aquel verano…., aunque puede que no…
¿Cómo era yo de Joven?…. se preguntaba….
¿Quién era yo?….
¿Quién soy yo ahora?….
Y es que ahora, recogido en un portal vacío, la vida ya no es real.
Vive en las luces de quien enciende una bombilla para alumbrar la entrada en su casa, y despierta los sueños aun suyos de quién la vida ha dejado tirado en una cama de soledad y cubierto por los despojos de esta sociedad que somos…, orgullosos de nosotros mismos y animales de una selva que no entiende nada que no sea la imperante necesidad de ser los mejores y pasar por la navaja a quien nos hace sombra.
Eran esas unas horas, donde el miedo se funde con el amor…, y donde la luna y el cielo de la ciudad se esconden detrás de cualquier romanticismo…, detrás de la apariencia sutil de una madrugada mas…, quizás de una menos….
_____________________________________________________________________________
El VIEJO DEL PORTAL
Capítulo 2
Lo Cierto, es que la calle…, esas nuevas calles que acababa de conocer, eran diferentes a los demás.
En ellas, había una mezcla de luz y falsedad, modernismo y decadencia…
Eran esas unas horas, donde el miedo se funde con el amor…, y donde la luna y el cielo de la ciudad se esconden detrás de cualquier romanticismo…, detrás de la apariencia sutil de una madrugada más…, quizás de una madrugada menos.
…Viejo del Portal…
Eterno Transeúnte que encuentra en cada esquina su propia casa….
Eterno Soñador de realidades que acaban en el ocaso de cada día…
Eterno Espectador y protagonista de la vida y la calle.
…Viejo del Portal…
Mientras te observo de nuevo en silencio…, me pregunto porque rábanos nos preocupa tanto y tanto la vida…, tanto y tanto lo que no es realmente vida.
En el fondo, quiero ser tan libre como tu…
En el fondo, quisiera poder ser realmente yo y explotar por los cuatro costados de una calle imaginaria.
Quisiera poder decidir donde voy a ir cada mañana…, decidir donde voy a parar y donde voy a llegar….
Poder controlar realmente mi vida, sin sentir como cada día, de una manera incontrolada, me siento arrastrar hacia la “Nada” de una Rutina que odio y me destroza por dentro…
Te veo de nuevo en un receso de 5 segundos y estás de nuevo con la radio…,
Gruñes porque no estás de acuerdo con lo que se dice, y manifiestas en tu opinión más énfasis del que yo hubiera podido demostrar, hacia algo tan ajeno para mí como el tema de la tertulia pudiera ser para ti…
Eres la libertad encerrada en un portal.
Dulce y cruel libertad de quién carece de casi todo menos de sí mismo…, por que en el fondo posees la posesión de tu persona.
Acaso hay mayor libertad que poder pensar como se quiere en todo momento?
Acaso hay mayor posesión que ser el único dueño de tu propia vida?
Acaso hay mayor placer que desayunar y comer cuando los sentidos lo Indican…
Y es que, en esta vida irreal que nos hemos inventado a golpe de talón, todavía quedan extraños seres que viven su día a día a golpes de un corazón que palpita y desaparece mientras la propia vida se oscurece a la sinrazón sin que nadie haga nada para evitar nada.
…Viejo del Portal…
Eterno transeúnte que encuentra en cada esquina su propia casa….
Eterno Soñador de realidades que acaban en el ocaso de cada día…
Eterno espectador y protagonista de la vida y la calle.
…Viejo del Portal…
Eterno desconocido y anónimo de la calle…, Añoso quijote de molinos inexistentes…de molinos de cartón que son los guardas de tus sueños…
Quisiera tener valor para ser libre, pero tan solo soy un pobre mortal, que mañana de nuevo acercara los ojos a la esquina, atisbando a lo lejos el resquicio del sueño mortecino…, todo ello, justo en el momento en que tu despertaras y sacudirás de tu pelo los restos de una noche que se acaba al lavarte la cara.
Solo tu…, tan solo tú Viejo del Portal, es capaz de comenzar a realizar sus sueños cuando despierta, justo en el momento en que los demás mortales abren los ojos y dejan de soñar.
Lo Cierto, es que la calle…, esas nuevas calles que acababa de conocer, eran diferentes a los demás.
En ellas, había una mezcla de luz y falsedad, modernismo y decadencia…
Eran esas unas horas, donde el miedo se funde con el amor…, y donde la luna y el cielo de la ciudad se esconden detrás de cualquier romanticismo…, detrás de la apariencia sutil de una madrugada más…, quizás de una madrugada menos.
_____________________________________________________________________________
El VIEJO DEL PORTAL
Capítulo 3
Lo Cierto, es que la calle…, esas nuevas calles que acababa de conocer, eran diferentes a los demás.
En ellas, había una mezcla de luz y falsedad, modernismo y decadencia…
Eran esas unas horas, donde el miedo se funde con el amor…, y donde la luna y el cielo de la ciudad se esconden detrás de cualquier romanticismo…, detrás de la apariencia sutil de una madrugada más…, quizás de una madrugada menos.
Esta noche… ¡Dime Viejo… ¡
Tan solo háblame de lo que más quieras…., Tan Solo…, no permitas que el silencio se apodere de mis oídos y los rompa en mil pedazos de soledad….
Tan solo cuéntame en que lado de la vida se esconde la noche…, donde esta la diferencia entre el bien y el mal…, entre la vida y la muerte.
Háblame Viejo…. Cuéntame la verdad de tu figura…
He aprendido que nada es resultado de la casualidad en la vida…, e igualmente, he aprendido que la vida no juega al azar entre los despojos de la sociedad.
Hoy quiero saber quien eres realmente….,
Lo siento, pero ya no me creo que seas un vagabundo perdido entre los portales oscuros y vacíos de esta sociedad…, ya no quiero creerme que seas tan solo uno más de los que están pagando los platos rotos de esta Sociedad de Derecho.
No sabría decirte con certeza, pero empiezo a presentir algo de tu vida…, esa vida a la que te encierras como única posesión particular y privada que te queda para ti mismo….
Tan solo quiero que esta noche me entiendas de nuevo…
Lo Cierto, es que la calle…, esas nuevas calles que acababa de conocer, eran diferentes a los demás.
En ellas, había una mezcla de luz y falsedad, modernismo y decadencia…
Eran esas unas horas, donde el miedo se funde con el amor…, y donde la luna y el cielo de la ciudad se esconden detrás de cualquier romanticismo…, detrás de la apariencia sutil de una madrugada más…, quizás de una madrugada menos.
_____________________________________________________________________________
El VIEJO DEL PORTAL
Capítulo 4
Lo Cierto, es que la calle…, esas nuevas calles que acababa de conocer, eran diferentes a los demás.
En ellas, había una mezcla de luz y falsedad, modernismo y decadencia…
Eran esas unas horas, donde el miedo se funde con el amor…, y donde la luna y el cielo de la ciudad se esconden detrás de cualquier romanticismo…, detrás de la apariencia sutil de una madrugada más…, quizás de una madrugada menos.
El Viejo, se escondía ahora cada noche del frío… En su vida…, tan solo se había escondido del frío que penetraba un año más en su cama de cartón y en su cuerpo de carne, piel y huesos.
Tan solo a eso tenia miedo…, a la Soledad Sonora del frío en sus huesos…, a la decadencia de la vida detrás de una noche que escupe viento y rabia…, ira y desolación…
Su piel estaba curtida ya de casi todo…
Su mente, encerrada en su pensamiento, había recorrido todas las situaciones posibles de la vida…, estaba de vuelta en el viaje de la soledad y la tristeza, y ya había pagado con creces el peaje de su existencia.
Tan solo a eso tenia miedo…, a la soledad…., a la soledad y al hombre.
Al hombre…, absurdo animal racional que examina con injusticia la conducta ajena mientras que no impone ningún criterio en la propia.
El Viejo, no disponía en su vida de nada más que un cartón para resguardarse de la crudeza de la noche,… acaso, su viejo portal que cada noche era diferente, y que cada noche era más gélido y lúgubre que la noche anterior.
Era en esa soledad y en la espera del sueño, cuando recordaba los escasos parajes de su vida a los cuales aun no había prohibido la entrada en su mente…, al menos de momento.
(Como suele decir, los recuerdos son parte muerta de una vida que esta en el presente…, encerrada en un tiempo que no existe realmente.)
La Vida ha dado demasiadas vueltas…., Su vieja Piel está demasiado helada esta noche… Sus rotos pies, han caminado por demasiados caminos empedrados… Su Alma…, esta noche tan solo quiere descansar.
Tan solo quiere descansar…
Dejar de pensar por unas horas y reencontrase en el sueño con lo que era antes de todo.
Simplemente una persona que fue fiel a sus principios y que estos le desarmaron en la guerra de la vida, dejándolo perdido y vencido ante el tiempo, la vida y los demás hombres negros que escapan en la noche como las ratas en un barco que choca su proa entre las piedras de un arrecife de corales.
Los Hombres Negros de la vida que seducen con veneno para alimentarse después de la esperanza creada con sus palabras…
Viejo de la Noche….
Amigo de la ebria soledad en que se convierte la madrugada, cuando esta se vacía y se desnuda mostrando sus miserias humanas…
Soledad de los portarles en donde se encierran esas pesadillas que tan solo puedo adivinar entre el resquicio que me dejan tus palabras….
Viejo de la Noche…., alma buena que no duerme sino en la piedra fría de un mármol prestado…
Quiero saber de qué te escondías esta noche cuando te he visto entre una mueca de miedo y temor…
¿Acaso hay peor miedo que el propio miedo?…
Quiero saber por que te has tapado la cara entre cartones y tus ojos se han cerrado aun sin estar dormido… ¿Acaso es por Los Hombres Negros?…. ¿Dónde están….Dime Viejo…….¿Quiénes son?………
Lo Cierto, es que la calle…, esas nuevas calles que acababa de conocer, eran diferentes a los demás.
En ellas, había una mezcla de luz y falsedad, modernismo y decadencia…
Eran esas unas horas, donde el miedo se funde con el amor…, y donde la luna y el cielo de la ciudad se esconden detrás de cualquier romanticismo…, detrás de la apariencia sutil de una madrugada más…, quizás de una madrugada menos.