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 Hoy sé que existen muchas vidas en esta misma vida.

  Muy pocas veces conocemos y sabemos poner una fecha a cada uno de esos finales y comienzos y casi nunca sabemos cuando empiezan y cuando acaban.

  Es el momento en el que las reglas, normas, valores y razones desaparecen y ya no queda nada en lo que poder fundamentar un mundo que ya no es ni está… en donde ya no queda suelo conocido para poder seguir caminando.

 Es el instante en el que el mundo colapsa e implosiona sobre sí mismo.

 Son instantes, agujeros temporales y concatenaciones de eventos que marcan un cambio en la vida, que implican un abanico de decisiones sin retorno y que determinan el resto del camino que aun tenemos que seguir.

  Son algo más que simples casualidades, algo más que simples respuestas o preguntas del azar, son un punto de inflexión que se precipita y se «avalanchan» en una sucesión de incidencias terrestres que ofrecen una respuesta o que te fuerzan a responder.

  Hay muchos momentos en la vida… en la que la propia vida nos hace decidir, nos hace tomar un camino, nos hace tomar partido en las decisiones o simplemente la vida decide por ti… se detiene y te observa para ver como reaccionas.

  No…, no te voy a detallar días, hechos o situaciones.

Son los mismos días, hechos y situaciones que tu ya conoces de momentos paralelos que conoces con tus propios pensamientos… No te voy a hablar de personas, lugares o mundos perdidos…. Tan solo te hablaré de un tributo al tiempo concreto del que ahora recupero recuerdos y palabras que poco a poco se transformaron en un paracaídas y que ayudaron a construir el resto de una vida que aun hoy seguimos escribiendo.

Una de esas vida acabó y finalizó hace treinta años. Esta es su historia:

Es verdad, el tiempo no es lineal… no es solo presente, pasado y futuro… no está separado y se diferencian el ayer, el hoy y el mañana. El tiempo no es lo que creíamos que iba a ser. Nos lo dijeron pero no lo creímos, no le dimos importancia a lo que nos contaban de pequeños.

 Hemos estado toda la vida queriendo ser mayores y ahora que lo somos, no nos gusta la velocidad a la que hemos llegado aquí. Quisimos crecer y lo peor es que lo hemos hecho sin valorar los efectos secundarios.

 1996  fue un año de mas. En España hubo cambio de Gobierno, la actividad terrorista se intensificaba, continuaba el movimiento del 0.7% y el Camping de Biescas era arrasado por un barranco. Fuera de nuestras fronteras, Bill Clinton era reelegido como presidente de los Estados Unidos, nació la oveja Dolly, se celebran los juegos olímpicos de Atlanta y nacía Hotmail, uno de los primeros correos electrónicos gratuitos del mundo.

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  Un año más lleno de esas imágenes y hechos que se suceden una tras otra, que te colapsan una semana y luego se convierten en meras efemérides que se archivan para recibir nuevas escenas temporales de un día a día que se vive lejos, de manera aséptica y en una distancia segura que no nos toca, que no nos afecta, que no nos manchan las manos ni nos encogen el alma.

 La vida es así…, hechos, imágenes, sonidos que se precipitan de golpe, nos reclaman la atención por un instante, nos emocionan, sorprenden, cabrean y provocan reacciones que tan solo perduran hasta la próxima edición del telediario o hasta la siguiente sesión del circo mundial en el que ya estamos acostumbrados a estar.

 Entre el día a día, entre el anonimato, entre los destinos del tiempo y el fin precipitado de la nula responsabilidad, llegó el tiempo de hace 30 años.

Hay mil meses y años en los que no pasa nada, y hay segundos en los que sucede todo.

1996 fue un año de mas…. el final de los sueños de palabras y el principio de la realidad.

  A veces, la vida te gira la cara y te enfrenta de golpe a la realidad de un mundo que duele, que te habla de una manera adulta y que te hace darte cuenta de quién eres, con quién estas, quien te acompaña en el camino y que te exige tomar las decisiones que has ido procrastinado desde hace demasiados años.

 La vida te enseña que a veces debes estar donde no quieres, y hacer lo que no deseas hacer… La vida te enseña a escribir palabras que hasta ese momento no conocías ni habías oído, a visitar los mundos interiores donde nace la niebla y el cierzo perenne… , donde habita la soledad no deseada y no puedes escapar del laberinto en el que te encuentras.

 La vida te enseña que no hay un control del tiempo deseado y que no quedan salvavidas que te mantengan a flote en el naufragio…, en el que no sirve pedir ayuda porque no hay nadie que te escuche gritar, en donde se caen las mascaras traidoras de los títeres del tiempo.

  La vida te escupe del mundo de las ideas y de la falsa realidad y te deja caer en un espacio de «Intramuros» donde nada es similar a lo que conocías.

 A veces la vida te gira la cara y te enfrenta a ti mismo ante esa otra realidad que desde hoy será «la realidad»…, y debes reiniciar tu mundo de ideas, buscar las vocales que formaran las nuevas palabras y más tarde aprender a juntar palabras que te permitan inventar gritos comprensibles en esta dimensión del agujero negro en el que estas.

 Te levantas… te preguntas que haces ahí…, no sabes muy buen dóndes estas….

Ya no eres …, ya no sabes quién eres…

Te mueves, te pierdes y esperar despertar…. te sientes zarandeado, desnortado y aturdido.

 Has perdido el control exterior e interior, y te sientes abrumado, desconcertado, vacio e inerte. El proceso no es rápido, pero el remolino hacia la nada te va arrastrando mientras tú te dejas llevar y ya no ofreces resistencia…

  Después…. NADA. … pero no «nada», sino «LA NADA» … Ese tipo de nada que arrastra lo material y lo inmaterial, lo físico y lo a dimensional, las palabras y las ideas, los sentimientos y la razón…. Esa NADA que te deja solo, vacio y a oscuras en una dimensión donde nunca has estado, donde nunca habías imaginado estar, donde nunca pensaste que existiría ese lugar y donde tan solo habita el silencio negro y con una densidad inabarcable.

  En la Nada no hay luz ni palabras. No hay sonido ni color. Tan solo un ruido gris que te amordaza, te ciega y te colapsa. Los sentidos se anulan y las palabras enmudecen y pierden su significado. No puedes ver y te conviertes en una sombra invisible que convive con sus propios fantasmas en una batalla que no puede acallar.

 Solo silencio, niebla, ruido y reproches.

Y así día a día, día a día, día a día… día… hasta que un día algo cambia….

Lentamente, sutil, sin ser consciente de que hoy algo diferente al día de ayer….

 Lentamente, inapreciable… sin razón…. día a día, día a día…. un día aparece una idea, una luz que se esconde tras un segundo de nuevo en la niebla…..

Lentamente…. oyes una palabra nueva en tu cabeza y te centras en su significado…

 Muy lentamente….. descubres un pensamiento que ha surgido de la nada y que te ha sobrevenido sin previo aviso.

 Muy, muy despacio, el silencio, la niebla, el ruido y los reproches se atenúan y se convierten en elementos permeables que filtran interacciones humanas ajenas.

 Muy, muy despacio… muy despacio entre los sinfines del tiempo, la nada te permite escuchar tu voz  y cuando los ojos de liberan, te permiten mirar hacia el interior de la verdad… hacia el origen de las palabras importantes que provienen de la parte que nunca habías buscado.

  En el proceso descubres nuevas letras, sonidos repetitivos y hojas en blanco que se van escribiendo con «Sueños de Muerte y Soledad».

  En el proceso aprendes de nuevo a usar los ojos, los oídos y defines los nuevos significados de las palabras. Exploras y descubres un mundo propio desconocido hasta ese momento y te reencuentras con la verdad simple de ti mismo como jamás habías conocido.

  Muy , muy despacio el silencio, la niebla y el ruido se convierten en familia, en un hogar donde tienes la oportunidad de aislarte de la ficción creada en vidas anteriores y se inicia una conversación sincera contigo mismo donde aprendes a hablar, ver y escuchar, donde aprendes a percibir la verdad de lo que te rodea.

  En el infierno nadie te busca, nadie te visita, nadie te quiere encontrar. En el silencio no hay nadie…, la soledad no entiende de compromisos y te atrapa, te comprime el aire a tu alrededor y te ahoga lentamente…

  En el infierno tan solo hay un espejo en el que poder mirarte y desnudarte…, descubrirte y conocer lo que se esconde desde diferentes perspectivas que nunca antes habías observado.

 En el infierno, te despojan de falsas realidades, se arrancan la careta tus allegados y amigos y acabas descubriendo la verdad de una mentira mantenida.

 El proceso no ofrece atajos ni prisas. El tiempo no es tu aliado y los avances son apenas perceptibles. El reloj es el enemigo a combatir cuando la necesidad de huida es imperativa.

 El proceso se dilata siempre mas de lo deseado y corremos el riesgo de perder la paciencia.

 Siempre despacio, siempre sin esperar nada, siempre queriendo escapar de un mundo que tan solo contiene tu voz y tus letras en un cuaderno que quiere acabar las hojas en blanco para rescatarse a su mismo del abismo.

 Siempre sin tiempo… siempre… y un día descubres un color entre la niebla que desparece de nuevo en un instante.

 Solo es eso, una tonalidad del gris que se percibe como algo diferente y que rompe la monotonía de la ausencia total de sentidos.

 Y día a día, tiempo sobre el tiempo el gris se manifiesta de diferentes tonalidades y te sorprendes mirando lo que antes no estaba allí. Te descubres entre nuevas letras, nuevos valores, nuevas prioridades y lo que antes dolía, hoy duele menos.

  Te descubres a ti mismo entre palabras y sonidos, y el tiempo que antes era un verdugo ahora se ha convertido en una tregua en donde te gusta estar.

  Te relees en el nuevo capítulo de la vida y sientes que sin darte cuenta hay heridas que están cicatrizando y te regocijas en esta victoria inesperada.

  La Nada queda como un tiempo perdido necesario, como un duelo de aquel «otro yo» que poco a poco se aísla de un mundo que no era el suyo y que jamás lo fue.

 Los nuevos colores te ofrecen silencio y tregua, sonidos familiares en un bucle de autoconocimiento que se rodean de libros, de películas en tardes infinitas y juegos de mesa que te sacan de la rutina del tiempo que no pasa.

 Los nuevos días que pasan sin prisa, te atenúan el aislamiento global del cuerpo y de la mente y te fortifican el alma. Atesoras poco a poco valores, ideas y emociones y las diriges a un punto del futuro en donde se encontrará la nueva vida.

 El dolor, la decepción, la traición, el abandono dejan de quemar y se convierten en emociones duraderas que se suman a la enseñanza del futuro. No quiero olvidar nombres, personas, hechos…, pero necesito buscar la forma y manera de transformarlas y ubicarlas para que no sigan presentes. No quiero olvidar, pero no quiero que su recuerdo sea una parte viva de este reinicio.

  Los nuevos sonidos me abren la ventana de la luz y entran con el nuevo viento músicas que me ayudan a volver más allá de intramuros.

  Los días nuevos me hacer descubrir que como dice la canción «La verdad que tú buscas, está en ti mismo», y aun en la soledad, existen almas que te miran y están. Personas que se acercaron al borde y te gritaban, que te ofrecían una mano que no viste y que estuvieron cuando ni siquiera tú estabas ahí.

  Y así pasa el tiempo entre el final de un verano y el frio de un otoño que se convierte en invierno. Los días son una cuenta atrás y las noches una imaginaria menos. Las tardes son hojas que ordenas ideas espontáneas tratando de no olvidar el camino ya andado. El pasado es tierra muerta y el futuro es un mundo inexplorado donde se forja coda día con más fuerza el sueño de ondas, noches y radio….

 Y así pasa el tiempo… Y un día, intramuros  rompe sus cadenas y te lanza  de nuevo a un mundo que no es ya el mismo del que saliste hace una eternidad….

 De aquel planeta imaginario de ayer  ya no existe nada y ya no queda nadie. No hay nada donde quieras volver ni nadie a quien quieras ver. El pasado es un lugar que nunca fue real, que nunca existió realmente y no tiene sentido regresar.

  Tampoco tu eres el mismo de ayer. Has completado un ciclo de la vida y vuelves a ser un niño que reconoce todo por primera vez.

 Esto no fue un final. El caos nunca es un final.

 Fue un principio.

  Luego vinieron decisiones equivocadas, otras no tanto y caras nuevas…. buenas, malas y actores de reparto en el gran teatro de la vida.

… Pero eso… Es otra historia.

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