Acababa de finalizar el Iceberg en la Expo. Hay noches que este gigante blanco respira mas profundamente que otras, y que las imágenes entran mas aun en la cabeza.

Es como si sucediera que el alma colectiva de los que allí están, absolvieran la metáfora final del busto silencioso mejor que otras veces.

Y esa noche de sábado, delante de 38.000 almas, así había sido. Algo así, como si los hilos del iceberg hubieran querido dejar su “aquí estoy” en el día que mas audiencia había tenido.

Noche perfecta, sonido perfecto y un publico sediento de expo.

Y es justo cuando acaba, que uno de los 38.000 que allí estaban dice. “Si lo se no vengo… he venido a divertirme y no a a amargarme con esto”.

Pues si señor… si lo sabia, no debía haber venido, pero es que usted es tan tonto como para comprar una entrada sin saber que ve a obtener a cambio de sus 35 euros, sin saber a donde va, y que es lo que verá, que es lo que usted va a hacer, ni donde va a ir.

Es del genero idiota pagar sin preguntar, y mucho menos sin saber.

Lo peor, es que esta expo va a acabar y aun hay quién la considera como un parque de atracciones, así que no sera extraño que alguien escuche la misma queja que dijo ese que yo escuche entre 38.000.

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